Pintura artes visuales

Cómo decir abismo. Espacio Cultural BCN. 2017

«Es bastante decir: abismo y sátira del abismo.»
Jacques Derrida.

Como parte de una mitología propia, comprometo la pintura a la intemperie de la contemporaneidad, en medio del pensar pictórico. Me interesa generar reflexiones acerca de la práctica de la pintura, práctica silenciosa pero que es una resistencia. Aludiendo indirectamente a la fagocitación, a la proliferación de imágenes dispares, a la subjetividad soñadora de los mitos y las citas, a la entropía visual y el intertexto, la pintura piensa en medio del entramado silencioso entre sujetos y objetos, entre lo digerido y lo dialéctico.
Cómo decir abismo es una tentativa de posibilidades de la pintura como resistencia, abierta a la facultad ubicua de la mirada. De modo que reivindicar la pintura en el contexto contemporáneo es situarla entre la poética, el oficio y el lenguaje; situar la pintura en el seno del pensamiento visual y generar dialécticas con el tiempo histórico de las artes y los oficios, pero también con el pensar de las imágenes y de cómo tomar posición poéticamente.

RS

Muestra dual y homenaje. Leppe + Sacco

“En el aire se desplaza esta suerte de caligrafía pictórica; surca un espacio propio en el cual la tela sólo es pretexto; cuando se apoya en ella emerge la superficie como contenedora de lo material y lo etéreo, si la ignora es la hipóstasis de los sonidos soterrados.
Ramiro Sacco tiene la rara cualidad de que lo material y lo inmaterial, se convoquen mutuamente, en una suerte de relación inevitable e indestructible. Excede lo visual en busca de lo no representable, eso requiere sustituir la mirada como registro, por la mirada como conciencia estética. Una propuesta que nos lleva a valorar no sólo la poética, sino, fundamentalmente, la sutil poesía de sus obras.”

“La obra pictórica de Leppe, requiere una mirada sagaz, que indague en las trampas de lo explícito, que no se conforme con lo evidente, dado que estamos ante una obra que reclama con fuerza a los referentes, que no son otros que los grandes maestros desaparecidos, los silencios profundos, las sutilezas de una respiración entrecortada, la larga oscuridad existente entre un parpadeo y el siguiente. Se trata por cierto de obra visual, anclada en el texto de las materialidades y desplegada como convocatoria al ejercicio del argumento visualmente provocado.”

Horacio Safons

Sobremesa o árbol. Donde los ojos también comen, donde también respiran, donde sostenemos la pregunta por el hombre, todo lo que resta también es una falta. La pintura reflexiona una actualidad, una vivencia, una poética del mirar. Y son siempre los lugares sencillos donde evocarlos: en la mesa, en una silla, en un paisaje, en las herramientas que usa para inscribir en la materia ese árbol que vive en todo hombre, ese árbol que es todos los hombres.

Ineluctable modalidad de lo visible: por lo menos eso, si no más, pensado a través de mis ojos”, frasea el Ulises de Joyce, y dialoga con esta propuesta de Ramiro Sacco, ya que pensado a través de los ojos en la modalidad de lo visible y lo invisible, en “los límites de lo diáfano”, es donde encuentra el lugar de lo pensado, de lo dicho y de lo creado.

Es sencillo como volver a mirar lo visible y lo invisible. Esto nos propone Sacco, ya que su pintura es sugestiva para el pensar y para la reflexión. Toma la pintura, ofrece su oficio, pero también rompe, pone madera, ofrece su poética.

Queda expuesto este diálogo con lo diáfano, entre tanta gráfica y tanta información de una actualidad cada vez más insulsa y trivial, rápida y celosa, como si entrar con los ojos en la vida es volver a quedarse quieto para recibir la ausencia, para ver el resto de lo dicho, como en una sobremesa, o estar expuesto a la lluvia, como un árbol.

Ramón H. Oliva

Instalaciones pictóricas

Las obras actuales de Ramiro Sacco han devenido en instalaciones, que tienen la virtud de no perder su carácter ni su raíz pictórica. La obra ya no cuelga, se apoya en la pared; con ese mínimo recurso adquiere una fuerza expresiva singular, incorpora (arriba) y a la vez, avanza (abajo) sobre el espacio. Altera así la rigidez de la mirada frontal, permite al espectador flexibilizar su mirada y, como también correlaciona la representación en la tela, con la presentación de elementos reales en el piso (tierra, madera, por ejemplo), la obra emerge contundentemente en su singularidad formal.
Ramiro Sacco es un pintor de una sutileza notable, no en vano es también poeta. Sus imágenes agregan a la virtud de los hallazgos cromáticos, la elocuencia del silencio que palpita en sus obras;
en estas imágenes todo calla, por eso es tan profundamente metafísico, lo que dicen.

Horacio Safons
Presidente Honorario de la Asociación Argentina de Críticos de Arte

Orillas

El fondo de las cosas no es la vida o la muerte.
El fondo es otra cosa que alguna vez sale a la otra orilla:
Roberto Juarroz . Poesía vertical (4-I)

Orilla, límite, borde del territorio conocido, habitado.
De aquello que creemos conocer.
El nombre de la muestra de Ramiro Sacco nos habla de su lugar de origen (vive en la ribera de San Fernando donde tiene su taller) su hábitat y su travesía.

Pintor, dibujante, poeta, escultor, investiga técnicas ancestrales, la encáustica, la cerámica. Sacco con su búsqueda sincera, profunda, reinicia un camino tan antiguo como el hombre, signar, nombrar, comunicar el asombro, dejar un rastro de la mágica emoción del estar frente a un fluido que ninguna mano puede atrapar, pero que sin embargo el artista intenta hacer visible.

Mediante un gesto pictórico fluido a veces estructural, (la estructura-sígnica de los amarraderos y objetos se funden en el paisaje-fondo) y el color apenas insinuado filtrándose entre la bruma cefiral a veces blanquecina, penetra en la orilla que acaricia el vacío (logrando evocar el Vacío o Sunya tan preciado por los maestros taoístas de pintura) manifestado con variedades de matizados blancos sobre blancos o a veces tierras.

La obra de Ramiro busca el origen (no sigue modas…), busca la conexión original en el territorio del Arte, de la tradición pictórica que aún se vale de un carbón, un papel, un color, del fluir de la mano. hasta entrar en sintonía con el paisaje-soporte-pasaje a la otra orilla, sin pensamiento en el acto con el hacer, donde mano y sujeto desaparecen y sólo queda ¨el arte en el artista¨. Ramiro es de aquellos artistas que aun formando parte de una generación que vio el avance y la primacía de los medios tecnológicos (y por lo tanto de mayor dependencia de esos medios), busca la conexión mediante los medios tradicionales del oficio, de la pintura–pintura (como él dice) que son las herramientas y el hacer que posibilita esa suspensión, esa conexión, que perfora el tiempo, ese hilo perenne, más allá de las modas y que permite que el Arte desde hace siglos siga siendo Arte.

Rubén Grau
2012

En el aire se desplaza esta suerte de caligrafía pictórica; surca un espacio propio en el cual la tela sólo es pretexto; cuando se apoya en ella emerge la superficie como contenedora de lo material y lo etéreo, si la ignora es la hipóstasis de los sonidos soterrados. Dos ejemplos:
En “Silencio a veces”, Ramiro Sacco crea un espacio propio (sin apoyatura visible), lo hace emerger (no desde o en la tela) sino flotando sobre ella, a partir de la raíz de su escritura, y digo raíz y no impronta, porque es escritura de aire y en el aire, no generadora de atmósfera ni de superficie, sino de transparencias suspendidas, (transparencias, es decir: el silencio en y del color, donde deja en suspenso su sonoridad lumínica, para que ésta resalte más sensible y propia, en el instante conformado). ¿Acaso no es “Silencio a veces” una pura levitación del sonido y de la imagen, el límite exacto en que a punto de aparecer, ambos se retienen?
¿Qué son, por muestra, esas líneas grises que no buscan delinear figuras, no indican direcciones, no son límites, ni parecen necesitar justificación alguna, sino la materia con la cual el artista formula lo que dice, no diciendo. Refieren a lo trémulo, a los roces, a lo que sentido e inexplicado deambula en la obra como evasiones y fugas. Conspiraciones poéticas que se hacen visibles por ocultamiento. No son menos elusivas esas materialidades de los roces del pincel, que en un juego gozoso de valores, dan marco majestuoso a la brizna cromática que, en la parte superior del cuadro y levemente corrida del centro, parece sorprenderse de su misma presencia.
Obra opuesta a “De lo inefable: Homenaje a Wittgenstein”, donde Sacco rescata a la superficie, es decir la valoriza y la configura como espacio receptor; es una imagen sólida y en cierto sentido imperativa, una horizontalidad fáctica. Casi tachadura visual. La tela aparece así dividida por una sutura caligráfica, o como una hendidura que la prudencia clausuró precipitadamente; remite a un silencio ominoso, en tanto que las puntas agresivas de esa línea erizada y parcialmente cubierta por un blanco en retroceso (en retroceso porque su luminosidad está deliberadamente acotada), soporta una mácula negra (pájaro virtual, a punto de caer sobre la divisoria, límite de amenazante agresividad, lugar de sacrificio o ¿por qué no? de revelación).
En esta obra la escritura incardinada, aparece y se desliza orgánica y rítmicamente sobre la línea que es a la vez forma y contenido. Curvándose sobre si misma o enlazando con sus extremos agudos lo que se sucede linealmente, tachando a veces horizontal o cruzado u oblicuo, para marcar con rigor el arriba y el abajo de la tela, lo positivo y lo negativo, el suceso y la nada, la presencia y la ausencia.
Estas escrituras plásticas, friccionando entre la ingravidez y la materialidad, pueden devenir en cuasi organismos suspendidos (“Poema 1”), prontos a desplazarse en direcciones arbitrarias y contradictorias, portadores de una negritud que convoca tanto lo abisal, como el soporte dramático de toda aproximación a lo primigenio. Alteran la superficie, sobre la cual flotan, se posan o se derraman, como extraños pájaros acuosos extintos, vueltos a la vida por un instante mágico.
Ramiro Sacco tiene la rara cualidad de que lo material y lo inmaterial, se convoquen mutuamente, en una suerte de relación inevitable e indestructible. Excede lo visual en busca de lo no representable, eso requiere sustituir la mirada como registro, por la mirada como conciencia estética. Una propuesta que nos lleva a valorar no sólo la poética, sino, fundamentalmente, la sutil poesía de sus obras.

Horacio Safons
San Fernando, mayo de 2007