(Español) Cómo decir abismo, en pintura

Sorry, this entry is only available in European Spanish.

“Rincón poblado por un sueño, hombre que se recibe de intemperie, mente y sueño, en buenas relaciones con la distancia y la tarde, en su caminata le suceden arboledas, le suceden poblaciones y aguadas, arboledas de nuevo, y él una intemperie.”
Arnaldo Calveyra.

Paralaje: Del παράλλαξις parállaxis ‘cambio’, ‘diferencia’.
1. m. o f. Astron. y Fís. Variación aparente de la posición de un objeto, especialmente un astro, al cambiar la posición del observador.
(Real Academia Española)

Este conjunto de obras pictóricas reformulan y cuestionan la intertextualidad del hombre contemporáneo. La intención del intertexto se inscribe como una forma de presentar las imágenes como dispositivos de reflexión, de intercambio entre saberes, herramientas, usos y metáforas de lo pictórico.

Desde lo conceptual Ramiro Sacco toma a las herramientas y a los objetos como metáforas de algo interno, no como medios, sino como un diálogo que mantiene el hombre con lo que usa y hace, con lo que dice, en verdad. En rigor: con lo que poetiza. Los objetos más que un lugar en el mundo, ocupan un estado de cosas, de cosas que el hombre hace, inventa y cuestiona, con las cuales hay que convivir.

En una especie de mitología propia, compromete la pintura a la intemperie de la contemporaneidad, en el pensar pictórico. Cuestiona e indaga desde una pintura conceptual y matérica, significativa y sugestiva, elementos de un mundo intertextual. La yuxtaposición de elementos tautológicos o resignificativos ubica al “tema” de la pintura en una zona de no-verdad, en una visión de paralaje que existe entre los sujetos y entre los objetos.

Sacco, como un umbral conceptual, propone reivindicar la pintura en su contexto contemporáneo y situarla entre la poética, el oficio y el lenguaje. Situar la pintura entre el pensamiento visual y las citas a la historia de la pintura para generar otra dialéctica en torno al afuera y al adentro, al espacio abierto y a objetos aislados, dialéctica con el tiempo histórico de las artes y los oficios, pero también con el pensar las imágenes y de cómo tomar posición poéticamente.

Ramón Hache Oliva
Tigre, 2015

Escrito por Mónica Carinchi
Miércoles, 23 de Julio de 2014

La pintura poética de Ramiro Sacco. A partir del 9 de mayo, se podrá visitar la muestra Litoral, donde la obra sugerente y mágica de Ramiro Sacco va a dialogar con la pintura paisajística de Cristian González. En Casa de las Artes Tacuarí (Tacuarí 90, Tigre) hasta el 14 de junio.

Detenerse ante un cuadro de Ramiro Sacco es como estar ante una poesía que nos dice “atrevete a leerme”. La ausencia de anécdota hace que su obra sea inquietante y provocadora. “La pintura está siempre queriendo mostrarse y ocultarse y uno también está en esa dialéctica, el arte mismo tiene eso. Si el arte muestra lo que es, deja de tener misterio”. Su gesto pictórico se plasma en “partes del mundo” que él ubica en un no-espacio, en “un aura” que nos transporta a un mundo de ensueño.

“Yo no parto de preconceptos; quizás, como dice Lautréamont, parto de relacionar objetos absurdos, el paraguas con la máquina de escribir. Es un diálogo poético entre objetos que pueden o no estar relacionados”.

Ramiro sostiene que el tema, en pintura, no existe, “el tema es la pintura misma, si no, sería una fotografía. Uno pinta porque está poetizando sobre cualquier cosa, el tema no es lo principal”.

La pintura misma son los materiales de trabajo, por ejemplo, los colores: “La paleta tiene que ver con el temperamento de uno. Hago mi propia pintura con cera de abeja, uso tierra, ceniza, carbón. Esto hace al carácter de cada pintura”. Predominan el blanco y los tonos tierra, que “tienen que ver con un silencio”. Y, a veces, en ese silencio, en ese descanso, aparecen tonos y trazos disonantes, opuestos a los colores habituales y contrastando con la iconografía predominante: “En mi obra siempre hay un solo objeto, una silla, un puente, un serrucho, en un plano, es como el ser y la nada, algo y nada”; y, casi molestando, el trazo que tacha, que, sin engañar al espectador, está diciendo “esto es pintura”. “Sí, es el hecho pictórico, es la pintura misma que está hablando. Me gusta la pintura porque tiene un lenguaje, no porque está imitando otra cosa”.

También los soportes son inspiradores: el reverso de los bastidores, un mantel usado, la parte lisa de una lija. “Los soportes van apareciendo, a veces también los busco. Es una forma de poetizar sobre lo que ya está, no es ponerme a pintar y nada más”. Telas, papeles, maderas, atravesados por una historia, provocan al artista, que recupera las “desprolijidades” o “suciedad” y las une a las marcas de su intención: sol y lupa para dar vida a un espacio quemado, antigua técnica que nos remite al origen del fuego. “Agua y fuego están siempre presentes en mi obra. El agua puede ser por la zona y el fuego por mi forma de trabajar, porque la cáustica se trabaja en caliente”.

La calle Colón y el canal de San Fernando entran por la ventana del taller de Ramiro y avanzan un paso más, ingresando a su obra. En un cuadro, un viejo puente; en otro, un serrucho y palas, ubicados, siempre, en el no-espacio, nos hablan de la potencia del trabajo, del esfuerzo agotador que marca el cuerpo. “Yo no soy conciente de eso cuando me pongo a pintar, pero es posible porque vengo de una familia de trabajadores”.

Para conocer su propio trabajo, a partir del 9 de mayo, se podrá visitar la muestra Litoral, donde estará acompañado por Cristian González, en Casa de las Artes Tacuarí.

Las obras actuales de Ramiro Sacco han devenido en instalaciones, que tienen la virtud de no perder su carácter ni su raíz pictórica. La obra ya no cuelga, se apoya en la pared; con ese mínimo recurso adquiere una fuerza expresiva singular, incorpora (arriba) y a la vez, avanza (abajo) sobre el espacio. Altera así la rigidez de la mirada frontal, permite al espectador flexibilizar su mirada y, como también correlaciona la representación en la tela, con la presentación de elementos reales en el piso (tierra, madera, por ejemplo), la obra emerge contundentemente en su singularidad formal.
Ramiro Sacco es un pintor de una sutileza notable, no en vano es también poeta. Sus imágenes agregan a la virtud de los hallazgos cromáticos, la elocuencia del silencio que palpita en sus obras;
en estas imágenes todo calla, por eso es tan profundamente metafísico, lo que dicen.

Horacio Safons
Presidente Honorario de la Asociación Argentina de Críticos de Arte

De “Tierra sin mal”, muestra individual en el Museo Ciudad de San Fernando, 2013.

El fondo de las cosas no es la vida o la muerte.
El fondo es otra cosa que alguna vez sale a la otra orilla:
Roberto Juarroz . Poesía vertical (4-I)

Orilla, límite, borde del territorio conocido, habitado.
De aquello que creemos conocer.
El nombre de la muestra de Ramiro Sacco nos habla de su lugar de origen (vive en la ribera de San Fernando donde tiene su taller) su hábitat y su travesía.

Pintor, dibujante, poeta, escultor, investiga técnicas ancestrales, la encáustica, la cerámica. Sacco con su búsqueda sincera, profunda, reinicia un camino tan antiguo como el hombre, signar, nombrar, comunicar el asombro, dejar un rastro de la mágica emoción del estar frente a un fluido que ninguna mano puede atrapar, pero que sin embargo el artista intenta hacer visible.

Mediante un gesto pictórico fluido a veces estructural, (la estructura-sígnica de los amarraderos y objetos se funden en el paisaje-fondo) y el color apenas insinuado filtrándose entre la bruma cefiral a veces blanquecina, penetra en la orilla que acaricia el vacío (logrando evocar el Vacío o Sunya tan preciado por los maestros taoístas de pintura) manifestado con variedades de matizados blancos sobre blancos o a veces tierras.

La obra de Ramiro busca el origen (no sigue modas…), busca la conexión original en el territorio del Arte, de la tradición pictórica que aún se vale de un carbón, un papel, un color, del fluir de la mano. hasta entrar en sintonía con el paisaje-soporte-pasaje a la otra orilla, sin pensamiento en el acto con el hacer, donde mano y sujeto desaparecen y sólo queda ¨el arte en el artista¨. Ramiro es de aquellos artistas que aun formando parte de una generación que vio el avance y la primacía de los medios tecnológicos (y por lo tanto de mayor dependencia de esos medios), busca la conexión mediante los medios tradicionales del oficio, de la pintura–pintura (como él dice) que son las herramientas y el hacer que posibilita esa suspensión, esa conexión, que perfora el tiempo, ese hilo perenne, más allá de las modas y que permite que el Arte desde hace siglos siga siendo Arte.

Rubén Grau
2012

Texto para la exposición “Orillas y Apariciones”, Centro Cultural Recoleta. Febrero 2012

“Palabras como brasas,
balbuceos del fuego”
Enrique Lihn

Todo lo que hay de imagen en las palabras, todo lo que hay de palabras en las imágenes se debe a nuestra condición de lenguaje. Todo lo que sabemos, acaso lo que vivimos, lo que apre(he)ndemos, deja en estado de huella una amplitud imaginativa que nos asalta en cada voz, en cada ojo, en cada oreja. Por decir así, la lengua hace nido desde que el pensar es posible. Imagen y Palabra es casi una tautología pero que no redunda en la poética, sino que la expande, la muestra; para que la poética haga rancho, para que sea huella y apertura de reflexión.
De todos modos, el hombre desde sus orígenes si los tiene hizo huella con la voz, con la voz que entonces tiene en la mirada, para que lo visto vuelva a hablar con nosotros, para que podamos hablarnos. Pienso entonces: ¿se miran o se hablan, el río y la garza? A modo de haiku, a modo de poema, preguntamos y respondemos con este pendular entre imagen y palabra.

Ramiro Sacco
De la muestra “Imagen y Palabra” Biblioteca del Congreso de la Nación. 2012

En los retratos de las momias de El Fayum se solía representar el rostro del difunto, casi de tamaño natural, sobra una tabla de madera con paramento de base. En la mayoría de ellas se utilizaba la técnica de la encáustica, consistente en disolver los colores en cera, con lo que adquirían unas tonalidades muy brillantes; calentando la cera hasta que adquiría plasticidad y se aplicaban más con espátula que con pincel (…); la pintura a la témpera se utilizaba en casos menos frecuentes.

Al parecer el uso del retrato del momificado, pintado sobre madera, se limita exclusivamente al oasis de El Fayum. Las vendas de las momias, en su mayoría envueltas formando un complejo diseño de celdillas se aplicaba de forma que quedara descubierta la cara, para cubrirla con una tabla con la imagen del difunto. Evidentemente los retratos, que casi siempre se reproducen en una edad “ideal” debieron posar en vida para colgar luego sus retratos en casa.
En el Egipto ya cristianizado siguió siendo costumbre no enterrar inmediatamente a los muertos, sino que éstos se conservaban por algún tiempo en las viviendas. Cuando el emperador Teosido prohibió esta costumbre mediante un decreto fechado en el año 392 por considerarla superstición pagana, todos los habitantes de El Fayum tuvieron que sacar a todos sus muertos de la casa y enterrarlos en grandes tumbas colectivas, entre otros lugares en Hawara. Saqueadores que dieron con estas tumbas ya a finales del siglo XIX arrancaron las tablillas de maderas de estas momias, perdiéndose así para siempre todo su contexto arqueológico.

Joachim Willetner (Egipto, El mundo de los faraones)

hagamos un silencio como el de las orillas oscuras
para escuchar esta voz innumerable y tenue
Juan.‭ ‬L.‭ ‬Ortiz

Lo que une a un grupo,‭ ‬lo que los congrega,‭ ‬no sólo son las ideas.‭ ‬Sucede también que los junte el viento,‭ ‬los lugares,‭ ‬los seres con que se relacionan,‭ ‬los dioses‭ (‬aunque no haya‭) ‬que veneran.‭ ‬Un grupo de pintores relacionados con el agua,‭ ‬con el río que pasa,‭ ‬los une también el paisaje,‭ ‬el clima,‭ ‬los árboles y los pájaros,‭ ‬con todo lo que sucede al borde del agua,‭ ‬esa‭ ‬voz innumerable y tenue.
Sin embargo,‭ ‬hay una cuestión en común que los lleva al Grupo Xauce,‭ ‬a tener una mirada sincera,‭ ‬auténtica.‭ ‬Es la relación del pintor con lo mirado.‭ ‬Todo lo que constituye el mundo,‭ ‬las cosas y los seres,‭ ‬todo lo que es observado y nos observa.‭ ‬Tienen conciencia de ello,‭ ‬y eso mismo expresan.‭ ‬El mundo es lo que nos pasa.‭ ‬La pintura,‭ ‬dice Merleau-Ponty,‭ ‬no se hace lejos‭ ‬de las cosas.‭ ‬”El pintor, dice, _cuando trabaja no sabe nada de la antítesis del hombre y del mundo,‭ ‬de la significación y de lo absurdo,‭ ‬del estilo y de la_ ‘‬representación‭‘‬:‭ ‬está demasiado ocupado en expresar su relación con el mundo para enorgullecerse de un estilo que nace sin que él lo sepa.‭”
Lo que no quiere decir que una mirada es un estilo‭; ‬la mirada del Grupo Xauce es una mirada consciente,‭ ‬gestual,‭ ‬necesaria,‭ ‬una mirada que dialoga con lo que es‭ ‬mirado‭; ‬la mirada desde y hacia,‭ ‬los seres y las cosas‭; ‬no importan los temas,‭ ‬los temas son siempre pretextos,‭ ‬importa lo elemental,‭ ‬el lenguaje con que alguien dice algo.‭ ‬Lo que importa es lo que queda limpio,‭ ‬intacto.‭ ‬Lo que deviene intacto,‭ ‬o intocable,‭ ‬es‭ ‬la mirada.‭ ‬Algo arde en forma para ser mirado,‭ ‬pero acaso porque‭ ‬algo mira‭; ‬el mirar también‭ “‬lo que nos mira‭“‬.‭ ‬Como una escucha,‭ ‬al hablar,‭ ‬uno dice para recibir,‭ ‬miramos para dar,‭ ‬para mirar‭ ‬quien mira.
El gesto,‭ ‬la forma,‭ ‬todo lo que envuelve al accidente,‭ ‬dialoga con la representación,‭ ‬con el signo,‭ ‬con la ausencia.‭ ‬Como los abismos,‭ ‬dos vertientes en la cual una está en su plenitud‭ (‬la forma‭)‬,‭ ‬y la otra se demanda,‭ ‬la otra nos traslada,‭ ‬se mueve,‭ ‬es mental.‭ ¿‬A qué se refieren‭? ‬al Ser,‭ ‬a lo inexorable,‭ ‬a lo más radical de lo posible.
Lo posible es siempre cercano.‭ ‬No es tanto lo real,‭ ‬como el acontecimiento mismo.‭ ‬Lo que sucede es siempre sensación,‭ ‬poesía,‭ ‬lo que sucede en el río,‭ ‬lo que sucede en los juncos,‭ ‬en los pájaros,‭ ‬las formas del cielo,‭ ‬la luz,‭ ‬los animales,‭ ‬y siempre,‭ ‬siempre el Ser en la pintura‭; ‬los seres que se mezclan al lenguaje,‭ ‬los acontecimientos del mundo que se mezclan en el lenguaje.‭ ‬Miramos un árbol,‭ ‬el agua,‭ ‬no para saber qué dice,‭ ‬sino para que el árbol o el agua hable en nosotros.‭ ‬Esto ocurre cuando uno simpatiza con los lugares‭;‬ “en cuanto la vida se instala,‭ ‬se protege,‭ ‬se cubre,‭ ‬se oculta,‭ ‬la imaginación simpatiza con el ser que habita ese espacio protegido” (Bachelard‭)‬.‭ ‬Y el Grupo Xauce simpatiza con la poética de estos lugares de aguas turbias,‭ ‬de barcos tenues,‭ ‬los lugares que recibe la pintura,‭ ‬la pintura que merece su lugar,‭ ‬como quien mira debe merecer lo mirado.

Ramón Hache Oliva
Tigre‭ ‬2009

En el aire se desplaza esta suerte de caligrafía pictórica; surca un espacio propio en el cual la tela sólo es pretexto; cuando se apoya en ella emerge la superficie como contenedora de lo material y lo etéreo, si la ignora es la hipóstasis de los sonidos soterrados. Dos ejemplos:
En “Silencio a veces”, Ramiro Sacco crea un espacio propio (sin apoyatura visible), lo hace emerger (no desde o en la tela) sino flotando sobre ella, a partir de la raíz de su escritura, y digo raíz y no impronta, porque es escritura de aire y en el aire, no generadora de atmósfera ni de superficie, sino de transparencias suspendidas, (transparencias, es decir: el silencio en y del color, donde deja en suspenso su sonoridad lumínica, para que ésta resalte más sensible y propia, en el instante conformado). ¿Acaso no es “Silencio a veces” una pura levitación del sonido y de la imagen, el límite exacto en que a punto de aparecer, ambos se retienen?
¿Qué son, por muestra, esas líneas grises que no buscan delinear figuras, no indican direcciones, no son límites, ni parecen necesitar justificación alguna, sino la materia con la cual el artista formula lo que dice, no diciendo. Refieren a lo trémulo, a los roces, a lo que sentido e inexplicado deambula en la obra como evasiones y fugas. Conspiraciones poéticas que se hacen visibles por ocultamiento. No son menos elusivas esas materialidades de los roces del pincel, que en un juego gozoso de valores, dan marco majestuoso a la brizna cromática que, en la parte superior del cuadro y levemente corrida del centro, parece sorprenderse de su misma presencia.
Obra opuesta a “De lo inefable: Homenaje a Wittgenstein”, donde Sacco rescata a la superficie, es decir la valoriza y la configura como espacio receptor; es una imagen sólida y en cierto sentido imperativa, una horizontalidad fáctica. Casi tachadura visual. La tela aparece así dividida por una sutura caligráfica, o como una hendidura que la prudencia clausuró precipitadamente; remite a un silencio ominoso, en tanto que las puntas agresivas de esa línea erizada y parcialmente cubierta por un blanco en retroceso (en retroceso porque su luminosidad está deliberadamente acotada), soporta una mácula negra (pájaro virtual, a punto de caer sobre la divisoria, límite de amenazante agresividad, lugar de sacrificio o ¿por qué no? de revelación).
En esta obra la escritura incardinada, aparece y se desliza orgánica y rítmicamente sobre la línea que es a la vez forma y contenido. Curvándose sobre si misma o enlazando con sus extremos agudos lo que se sucede linealmente, tachando a veces horizontal o cruzado u oblicuo, para marcar con rigor el arriba y el abajo de la tela, lo positivo y lo negativo, el suceso y la nada, la presencia y la ausencia.
Estas escrituras plásticas, friccionando entre la ingravidez y la materialidad, pueden devenir en cuasi organismos suspendidos (“Poema 1”), prontos a desplazarse en direcciones arbitrarias y contradictorias, portadores de una negritud que convoca tanto lo abisal, como el soporte dramático de toda aproximación a lo primigenio. Alteran la superficie, sobre la cual flotan, se posan o se derraman, como extraños pájaros acuosos extintos, vueltos a la vida por un instante mágico.
Ramiro Sacco tiene la rara cualidad de que lo material y lo inmaterial, se convoquen mutuamente, en una suerte de relación inevitable e indestructible. Excede lo visual en busca de lo no representable, eso requiere sustituir la mirada como registro, por la mirada como conciencia estética. Una propuesta que nos lleva a valorar no sólo la poética, sino, fundamentalmente, la sutil poesía de sus obras.

Horacio Safons
San Fernando, mayo de 2007

Crítica para la exposición Escrituras del Silencio, en el CCC. 2007