Ramiro Sacco

En los retratos de las momias de El Fayum se solía representar el rostro del difunto, casi de tamaño natural, sobra una tabla de madera con paramento de base. En la mayoría de ellas se utilizaba la técnica de la encáustica, consistente en disolver los colores en cera, con lo que adquirían unas tonalidades muy brillantes; calentando la cera hasta que adquiría plasticidad y se aplicaban más con espátula que con pincel (…); la pintura a la témpera se utilizaba en casos menos frecuentes.

Al parecer el uso del retrato del momificado, pintado sobre madera, se limita exclusivamente al oasis de El Fayum. Las vendas de las momias, en su mayoría envueltas formando un complejo diseño de celdillas se aplicaba de forma que quedara descubierta la cara, para cubrirla con una tabla con la imagen del difunto. Evidentemente los retratos, que casi siempre se reproducen en una edad “ideal” debieron posar en vida para colgar luego sus retratos en casa.
En el Egipto ya cristianizado siguió siendo costumbre no enterrar inmediatamente a los muertos, sino que éstos se conservaban por algún tiempo en las viviendas. Cuando el emperador Teosido prohibió esta costumbre mediante un decreto fechado en el año 392 por considerarla superstición pagana, todos los habitantes de El Fayum tuvieron que sacar a todos sus muertos de la casa y enterrarlos en grandes tumbas colectivas, entre otros lugares en Hawara. Saqueadores que dieron con estas tumbas ya a finales del siglo XIX arrancaron las tablillas de maderas de estas momias, perdiéndose así para siempre todo su contexto arqueológico.

Joachim Willetner (Egipto, El mundo de los faraones)