Faetón y cautivo

Si hay un vínculo entre los mundos y las imágenes, se debe a nuestra capacidad resplandeciente de producir relaciones. ¿Qué conecta “La vuelta del malón”, “La cautiva” y “La caída de Faetón” (en la pampa, en su defecto)? Primero al nivel de la subjetividad de lx cautivx, es decir la subjetividad cautiva. Segundo, la desobediencia. Tercero, las fronteras. Cuarto, la quema del mundo, la producción de desierto (desertificación) de la tierra y de los cuerpos. Hay un punto donde se cruzan el mito de Faetón, la pintura “La vuelta del malón” y “La cautiva” de Esteban Echeverría. Podemos conjeturar la llanura ardiendo desde el punto de vista del cambio climático, que es también el acontecimiento Faetón, cuando produce la caída del carro Sol y engendra el devenir ardiente del mundo. No deja de ser un índice antropoceno, ya que es un dios antropomorfo y antropogil. Es una caída sapiens.

«Entonces, el Dragón, inmediato al Polo Norte, siempre acostumbrado al frío, se enfureció sintiéndose abrasado. El infausto y triste Faetón, contemplando tan lejana la Tierra, tiembla y se atribula, rodeado por todas partes de abismos; pese a estar envuelto en resplandores, sus ojos se cubren de tinieblas.» (Ovidio, Las metamorfosis). Y luego sigue una poética descripción del desastre. Parece haber llegado al momento de La cautiva (¿acaso también El llano en llamas?), en aquellas fronteras de lo lejano y lo cultural. El poema de Echeverría dice:

“La llanura arde parece,

Y que con el viento crece,

Se encrespa, aviva y derrama

El resplandor y la llama

En el mar de lobreguez.

Aquel fuego colorado,

En tinieblas engolfado,

Cuyo esplendor vaga horrendo,

Era trasunto estupendo

De la inferna terriblez.”

RS. 2022